Reasoner
Preguntas y Oria razona sobre datos gobernados y memoria institucional. Dashboards, mapas, simuladores, grafos de relaciones, líneas de tiempo y tableros de trabajo salen de la conversación, no de un ticket.
El superagente que sabe cómo funciona tu organización.
Lee el ERP, el CRM y las plataformas de datos que ya usas a través de un reflejo gobernado de ellos, y cada cuenta llega con Cerebro, la memoria institucional que tu gente ya dejó por escrito. Tu equipo pregunta, analiza, construye y actúa desde la primera sesión, con presupuestos y registro de auditoría.
Oria puede
Los asistentes que tu gente ya usa saben muchísimo sobre el mundo y nada en particular sobre tu empresa. Todos los proveedores están cerrando esa brecha de la misma forma, guardando tu contexto por ti: tus documentos, tus decisiones, los patrones de cómo trabajas, convertidos en una función dentro de su asistente.
La brecha es real y hay que cerrarla. La pregunta es de qué lado de la línea termina lo que te hace diferente.
ARPIA mantiene esa capa de tu lado de la línea. La ontología es tu propio modelo de cómo funciona el negocio, y Cerebro es el registro de cómo decide. Los dos viven gobernados dentro de tu tenant, con trazabilidad y atribución.
Oria razona sobre ellos, y cada llamada a un proveedor de modelos queda limitada a los dominios que permitiste, se hace cumplir en el servidor, se presupuesta antes de correr y se registra con qué modelo vio qué contexto bajo qué reglas. Tú eliges los modelos y puedes traer tus propias llaves de proveedor.
También ves el precio, no solo el tope. Los modelos con los que razona tu gente tienen una tarifa publicada por millón de tokens, de entrada y de salida por separado, y cada llamada se cobra contra esa tarifa, tokens en caché incluidos, hasta el nivel de una sola ejecución agéntica. Puedes ver qué modelo gastó qué, y un presupuesto frena el gasto antes de que ocurra en vez de explicarlo después.
Así gobiernas el acceso en vez de concederlo una sola vez, y el corpus se puede seguir leyendo desde las herramientas que tu gente ya usa, a través de MCP.
La ventaja real de una organización es cómo decide. Son las reglas que aprendió a golpes y las razones detrás de las decisiones que funcionaron. Escrito y gobernado, eso se vuelve un activo con tu nombre. Dentro del asistente de otro, se vuelve parte de su producto.
Oria no es una ventana de chat pegada encima de tus datos. Razona, construye, modela y ejecuta, y cada una de esas cosas corre dentro de la misma sesión gobernada, sobre los datos gobernados y los permisos que el negocio ya definió. Cada una tiene su demo, nada de diapositivas.
Preguntas y Oria razona sobre datos gobernados y memoria institucional. Dashboards, mapas, simuladores, grafos de relaciones, líneas de tiempo y tableros de trabajo salen de la conversación, no de un ticket.
Generación limitada por tu propio modelo del negocio y tus políticas de seguridad, con una revisión antes de que algo salga a producción. Los estándares son las barreras de protección, no una revisión de código posterior.
Edita la ontología misma: los nodos, las relaciones y las tablas detrás de ellos, con permisos para proponer, aplicar y muestrear. Aquí se escribe el ADN del negocio.
Un entorno de ejecución gobernado. El código corre en su propio pod con el mismo alcance y los mismos permisos, aprobación humana donde importa y su propio almacenamiento persistente.
Los Expertos a la izquierda, el trabajo al centro, y a la derecha lo que la sesión puede saber, usar y producir. Nadie cambia de herramienta y nada sale de la sesión gobernada para hacerse.
Un Experto con nombre tiene sus propios nodos y sus propias herramientas, así que una sesión arranca ya enfocada en un trabajo en vez de empezar vacía. El analista principal y la persona que prepara una propuesta no miran los mismos datos ni llegan a los mismos sistemas.
La memoria institucional, activa en la sesión y contabilizada: lo que la organización ha decidido, las reglas con las que trabaja y por qué. Llega con la cuenta, así que la primera sesión ya sabe algo.
Los objetos del negocio sobre los que esta sesión puede razonar, con el nombre que les da el negocio, y cada uno gobernado. Agregar o quitar uno cambia el material con el que se construyen las respuestas, a la vista y fuera de un prompt.
Lo que la sesión puede alcanzar más allá de los datos: búsqueda, documentos, aplicaciones en vivo. Cada una está listada, se puede configurar y se puede quitar, así que el alcance de la IA es una decisión que alguien tomó y puede revocar.
Lo que la sesión produjo y guardó: un simulador en vivo, una propuesta con costos en un PDF de cuatro páginas, un tablero. Están versionados y se quedan con la sesión, así que el trabajo no es un mensaje que alguien tiene que volver a buscar.
Lo que trajiste y lo que salió, lado a lado. Un documento que sueltas en la sesión se lee con los mismos permisos que todo lo demás, y lo que genera la sesión aparece junto a él.
Cada respuesta trae la ejecución que hay detrás, plegada hasta que la quieras ver: los pasos que se dieron, el modelo que corrió y lo que costó en tokens. Y cuando una acción toca algo que importa, se detiene y espera a que una persona la apruebe. La mayoría de los asistentes te muestran la respuesta. Este te muestra el trabajo.
La mayoría de las empresas ya tiene un asistente de chat empresarial. Responde bien, y después empieza el trabajo: llevas la respuesta a otro lado para analizarla, y a otro más para construir algo con ella. Solo alcanza lo que alguien ya dejó por escrito, y la decisión que se tomó en una reunión o la regla que salió mientras se depuraba un error no está ahí, porque nadie la escribió nunca. Ese es también el conocimiento que se va cuando renuncia alguien con experiencia.
Así se ve un martes cualquiera.
La hoja de cálculo que alguien mantiene a mano es donde vive la mayor parte del conocimiento operativo real de una empresa. Oria la toma, la entiende junto a tus datos gobernados y te devuelve una herramienta que funciona en vez de un resumen.
Excel o CSV en la sesión. Llega al almacenamiento de objetos, aparece como archivo en la exploración y el agente lo lee junto con los nodos que ya le diste.
Nada de un resumen de la hoja. Un dashboard, un mapa, un simulador, un tablero de trabajo o una pequeña aplicación sobre esos datos, construida en la sesión y fijada ahí.
Conecta tus propias cuentas a través de MCP con tu propio inicio de sesión. El agente las usa como herramientas en la misma sesión, con los permisos que tu organización ya definió.
El trabajo se ejecuta en su propio entorno gobernado con aprobación donde importa, mantiene su propio almacenamiento persistente y se puede promover de tu espacio de trabajo al de la organización.
Lo importante es el ciclo completo en un solo lugar gobernado. Preguntas, analizas, construyes, decides y actúas, y el registro se acumula mientras lo haces. Lo difícil de copiar es que la memoria vive junto a la ontología. Cuando una memoria dice cómo se calcula el churn, el nodo que lo calcula está a un paso, con su trazabilidad y sus acciones gobernadas. Una capa de memoria sola la construye cualquiera en dos trimestres. Por eso esto corre sobre una plataforma de datos y no sobre un índice de búsqueda.
Escala hacia abajo igual que hacia arriba. Un equipo de veinte personas recibe el mismo ciclo gobernado que una empresa de tres mil, al precio de los asientos que de verdad usa.
ARPIA está certificada en ISO 42001 y SOC 2 Type II, y Oria hereda esa infraestructura. Tu propio cumplimiento lo sigues llevando tú, pero la capa de gobernanza no es algo que tengas que construir primero.
No es un extra para configurar después. Cada cuenta se aprovisiona con su memoria institucional lista e integrada en Oria, activa en cada sesión, para el Reasoner y para el Workbench.
A los seis meses no solo usaste IA. Tienes un registro escrito de cómo razona tu organización.
Y no queda secuestrado. El mismo corpus se puede leer desde las herramientas de IA que tu gente ya usa, a través de MCP. No te pedimos que te quedes porque tu memoria está aquí. Trabaja donde quieras, y aquí es donde se acumula.
Arranca vacío y mejora con el uso, así que lo alimentamos durante el onboarding con los documentos, tickets y wikis que ya tienes. Oria empieza sabiendo algo, y a partir de ahí el trabajo lo mantiene vivo.
Cada uno de estos termina en algo gobernado: un pipeline que corrió, un tablero en vivo, una decisión con su trazabilidad. Nada de un documento que alguien tiene que llevar a la siguiente herramienta.
Oria mapea la exposición, diagnostica qué cambió, prescribe la acción y la activa en el ERP, con aprobación humana donde se mueve el dinero.
Resultado: un pipeline gobernado que corrió. La cobranza pasó de días a 13 minutos, del disparador al ERP, en producción en un grupo de servicios financieros.Objetos en ejecución, errores, lo que espera a una persona. Operaciones deja de preguntar si un flujo corrió y empieza a verlo.
Resultado: un tablero de operaciones en vivo. Las métricas y los estados de los objetos se actualizan mientras ocurre el trabajo.Competencia, inventario e historial de ventas combinados en una recomendación que puedes cuestionar, porque el razonamiento que la produjo viene con ella.
Resultado: una recomendación con su trazabilidad. Análisis que tomaban semanas se resuelven en minutos.Qué modelo corrió, sobre qué contexto, bajo qué política, aprobado por quién. Los presupuestos se hacen cumplir antes del gasto, no se descubren en la factura.
Resultado: un registro de auditoría que puedes entregar. Hecho para scoring y decisiones que tienen que responder ante un regulador.Trazabilidad que cubre las tablas y los objetos de razonamiento que hay encima: pipelines, nodos y las apps que los leen, en un solo grafo.
Resultado: trazabilidad entre datos y razonamiento. La mayoría de las herramientas rastrean tablas y ahí se quedan.Generación limitada por la ontología y las políticas de seguridad, con una revisión antes de que algo salga a producción, y código que corre en su propio pod gobernado.
Resultado: trabajo revisado, no un prototipo. Las barreras de protección son los estándares, no una revisión de código posterior.Un asiento de Oria es un asiento en ARPIA. El mismo tenant, la misma ontología, los mismos permisos y el mismo registro de auditoría que gobiernan todo lo demás que corre en la plataforma. No hay proyecto de integración entre Oria y la plataforma, porque lo que tu gente hace en una sesión ya está corriendo ahí.
Así que la capacidad que hay debajo no es una compra posterior. Se despliega con la cuenta y la abre el asiento: Basic razona y construye dentro de la sesión, Pro comparte lo que construye con sus colegas, Builder modela la ontología, configura la gobernanza y despliega lo que usa toda la empresa. Cuando el trabajo pide más, amplías un asiento en vez de iniciar un proceso de compra.
Es la misma plataforma sobre la que construyen nuestros equipos de Forward Deployed Engineers, y la misma en la que trabajan tus asientos Builder. Mira la plataforma, paso a paso →
Tres niveles, facturados por asiento y por día, así que un asiento agregado a mitad de mes cuesta lo que usó. La IA se paga aparte y tú pones el tope.
Para poner IA gobernada en manos de todos.
Para las personas cuyas herramientas terminan necesitando los demás.
Para quien es dueño de la ontología y de la gobernanza.
Oria Unlimited. Dale Oria a toda tu organización y deja de contar asientos. Un solo compromiso de plataforma cubre a todos los usuarios y escalas por consumo del AI Wallet: se cobra el trabajo que de verdad se hizo, no cuántas personas tienen usuario.
Contáctanos →Pasado ese límite, el almacenamiento y el cómputo se cobran a la tarifa publicada, igual que el AI Wallet cobra los tokens.
Cada workarea nueva arranca con $10 en el wallet, así que las primeras sesiones corren antes de que nadie cargue un centavo.
Porque no estás comprando inteligencia por asiento. El consumo de IA corre sobre un AI Wallet prepagado, un fondo compartido que tú dimensionas y controlas, y se cobra lo que de verdad se usó. Los modelos con los que razona tu gente tienen una tarifa publicada por millón de tokens, de entrada y de salida, y cada llamada se cobra contra esa tarifa, así que el wallet no es una caja negra que recargas a ciegas. Puedes ver qué modelo gastó qué. Eso es lo que mantiene un asiento gobernado en quince dólares y no en sesenta.
Conecta tus propias cuentas o llaves de proveedor y los tokens se quedan en tu factura. ARPIA cobra una tarifa fija de gobernanza de $1 por millón de tokens, sea cual sea el proveedor o el nivel del modelo, por el control de presupuesto, la asignación, la auditoría y la política por las que pasa ese tráfico.
Esta es la parte que nadie muestra en una demo, y es la que decide si la IA sobrevive a su primera conversación con finanzas. Cuatro pantallas, en el orden en que de verdad llegan las preguntas.
Un grupo curado de modelos se asigna a un rol en vez de quedar al criterio de cada persona: los agentes reciben los rápidos y baratos, los gerentes los de razonamiento, los builders los de código. El primer modelo de un grupo es el predeterminado, y cada persona elige dentro de su grupo y nada más. Nadie se queda sin poder trabajar, y nadie usa el modelo caro por accidente.
Un presupuesto por modelo y periodo, con su límite de tokens y el umbral que dispara la alerta, que se hace cumplir en el servidor en vez de pedírselo al usuario. El propio producto te lo aconseja. Empieza con alertas y activa el corte duro cuando sepas cómo se ve lo normal. Mientras no decidas otra cosa, el consumo nunca se bloquea.
Créditos, llamadas y tokens del periodo, y luego el mismo gasto cortado de tres formas: por producto, por workarea y por modelo. Responde la pregunta que llega justo después de la primera factura, que casi nunca es cuánto y casi siempre es quién. Y es el mismo número con el que se arma la factura, no un cálculo aparte.
El consumo hasta ahora, la proyección a fin de mes, la comparación con el mes pasado y el wallet con cuánto de su tope ya se usó. Los asientos están al lado, porque son la parte que se repite. Un equipo de finanzas puede leer esta pantalla sin que nadie se la traduzca, y esa es la única transparencia de costos que cuenta.
Tu gente trabaja con IA gobernada. El gasto tiene tope y cada sesión se puede auditar.
Los hallazgos se acumulan con atribución. La organización empieza a reconocer su propio conocimiento.
Los usuarios avanzados construyen apps y se las pasan a quienes trabajan a su lado. Las útiles se difunden solas.
Cómo llama el negocio a sus entidades queda escrito y gobernado, por las personas que lo saben.
Ahora un caso de uso es obvio, acotado y defendible, porque salió del trabajo y no de una diapositiva. Ahí es cuando nuestros equipos construyen contigo.
Cuéntanos cuántas personas, en qué trabajan y qué hay que conectar. Treinta minutos alcanzan para dimensionar el despliegue, y tu equipo puede estar trabajando esa misma semana.
Quién empieza, en qué trabaja y a qué se debe conectar Oria. Treinta minutos en una llamada alcanzan para confirmarlo, y tu equipo puede estar trabajando esa misma semana.